Por: Richard Mario
Recuerdo aquellas tardes de los años 90 en Puno con una banda sonora muy distinta a la que hoy define mi vida. Eran tiempos donde la cumbia, la chicha y el huayno dominaban el aire. En las calles de Bellavista, los puestos de venta de casetes sacaban sus megáfonos a la acera y disparaban a todo volumen los éxitos de Los Ronish, Gilda; una bulla festiva que atravesaba los muros y llegaba hasta el patio de mi colegio para musicalizar todos y cada uno de mis recreos.
Pero mi revolución musical personal no empezó en un puesto de casetes o una tienda de discos, sino en la puerta de la casa de mi madrina.
Yo solía visitarla con un objetivo claro: pedirle una propina o el clásico préstamo de 50 céntimos para mi pasaje de retorno. Me había gastado hasta el último centavo en las máquinas de pinball o en alguna chuchería, y ella siempre era mi salvación. Fue en una de esas tantas tardes, esperando en su puerta, que escuché algo diferente.
Desde un discreto balcón en un segundo piso, emanaba a todo volumen un sonido que rompió el molde de lo que se acostumbraba a escuchar en la ciudad. Era un sonido distinto, un «cambio de chip» instantáneo. De pronto, sentí la furia de unas guitarras eléctricas marcando el ritmo y una sucesión ininterrumpida de temas en inglés. Mi curiosidad me empujó a buscar el origen de esa descarga musical. Quería saber quién ponía esa música, porque no era una sola canción suelta; era una programación entera.
No la descubrí pegado a un receptor de radio en mi cuarto; la descubrí en la calle. Ese balcón estaba irradiando la mejor música del mundo y cambiando para siempre el dial puneño. Así fue como conocí a Radio Mega Stereo 97.7 FM.
Hoy, 23 de abril, Mega Stereo está de aniversario. Y aunque la emisora ya no sale al aire y el rock puro parece haber muerto en el dial puneño tradicional (sobreviviendo a duras penas en escasos formatos pop-rock), el legado de la radio que apostó por el Rock desde 1991 es imborrable.
Por esa cabina pasaron grandes voces y se formó una verdadera cofradía. Hoy, esa amistad sobrevive. El cariño hacia «El Profe» y el vínculo inquebrantable de todos los «megastereanos de corazón» nos mantiene unidos, como una familia que se resiste al olvido. A través de nuestro grupo de WhatsApp, seguimos recordando aquellos lindos años dorados de juventud y buena radio.
Si Señal Pirata existe hoy, es gracias a ese balcón y a esa frecuencia.
Feliz aniversario, Radio Mega Stereo. Estás y estarás siempre tatuada en nuestra alma.
